La digitalización tendrá un impacto de 120.000 millones sobre el valor añadido bruto en 2025 en España

La transformación digital tendrá un impacto de más de 120.000 millones de euros sobre el valor añadido bruto de los sectores económicos más relevantes en España, como telecomunicaciones e Internet, turismo, servicios financieros, transporte, infraestructuras, farmacia, salud, energía e industria, en el año 2015

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Esta es una de las principales conclusiones del ‘Primer Estudio sobre la Digitalización de la Actividad Económica en España 4.0’, elaborado por la consultora Roland Berger. El informe pronostica una tremenda revolución cuando se conecten más de 55.000 millones de nuevos dispositivos a la red con más de 1.000 millones de personas, momento en el que la economía cambiará tremendamente, así como la forma en la que haremos las cosas y los propios modelos de negocio.

La crisis ha dañado el proceso de digitalización de las empresas españolas, de hecho, la economía española ocupa el puesto número 15 en el mundo por volumen de PIB, pero se sitúa en el 45 en desarrollo de la digitalización.

El estudio, que recoge la opinión de más de 100 directivos, muestra que sólo una de cada tres empresas españolas está ya preparada para afrontar la transformación digital hacia la España 4.0, a pesar de que entre un 80 % y un 90 % de las empresas reconoce que el cambio digital va a ser grande y tendrán que ser capaces de impulsar en digitalización y convertirse.

Más del 80 % creen que podrán incrementar sus ventas y crear productos que rompan barreras geográficas y de conocimiento del cliente, siendo capaces de producir más y mejores productos, para lo que nueve de cada diez reconocen que hay que cambiar los procesos digitales. Sin embargo, sólo el 33 % de las empresas españolas cuenta con una estrategia digital y, de estas, solo el 60 % lo ha comunicado de forma clara a sus empleados, al tiempo que solo un 28 % tiene un líder que dirige digitalmente la compañía.

El análisis revela que las empresas españolas dominan los usos digitales básicos, pero no los más avanzados. La diferencia o ‘gap’ de penetración digital supera el 75 % en sectores como salud o transporte, seguido de energía, con un 51%, lo que refleja que existe un importante margen de crecimiento y una manifiesta falta de aprovechamiento de las oportunidades de la digitalización. Los resultados muestran que sólo un 38 % de las empresas cuenta con una estrategia digital formalizada y un 26 % todavía no tienen un responsable de área digital.

Esta falta de apuesta por el desarrollo digital es especialmente manifiesta en la formación a los empleados, ya que el 20 % no realiza ningún tipo de formación digital y, del 62 % de las empresas que sí lo han ofrecido, sólo se han beneficiado de ella el 60% de los trabajadores.

Por sectores, aquellos más pegados al consumidor, como telecomunicaciones (91 %), turismo (83 %) o banca (65 %), tienen una estrategia digital más clara, mientras que en los más alejados al cliente, como industria o telecomunicaciones, solo un 10 % y un 15% de sus directivos, respectivamente, consideran que existe una estrategia digital formalizada en sus compañías.

Smart Cities, turismo y Big Data

El Instituto Valenciano de Tecnologías Turísticas ha elaborado el estudio `Big Data: retos y oportunidades para el turismo´. Se trata de documento donde se aborda en profundidad cómo el escenario planteado por los grandes volúmenes de datos puede afectar al sector turístico. Aquí planteamos un síntesis de esa oportunidad
Turismo digital

El gran atractivo de los datos masivos es su potencial para predecir fenómenos, prever comportamientos, expectativas y necesidades futuras de un grupo de consumidores concreto, hacer más eficaces y menos costosos los procesos de análisis y tomar decisiones de negocio más inteligentes y seguras.

Una de las grandes oportunidades que el Big Data ofrece a la industria turística se encuentra en las Smart Cities y, más concretamente, en los llamados destinos inteligentes. Se trata de territorios dotados de una infraestructura tecnológica suficientemente avanzada e integrada para garantizar su desarrollo sostenible y, a la vez, facilitar la experiencia e interacción entre el territorio y el visitante.

Estos espacios, cuyos límites no necesariamente coinciden con los de la ciudad, estimulan la participación y la recogida de información de los usuarios desde antes incluso de su llegada, durante su estancia y tras su marcha. Su despliegue físico, a partir de una red completa de sensores y dispositivos conectados a Internet, propicia el desarrollo de una plataforma virtual de servicios que estimula la innovación, la cooperación y, por ende, la competitividad.

De esta forma, la captura, tratamiento, análisis y explotación de la información en un destino turístico permite a los agentes del sector una toma de decisiones más rápida y eficaz. La integración de los datos que nutren este sistema, procedentes de teléfonos móviles, de las redes sociales, de terminales de punto de venta (TPV) o de hitos urbanos conectados entre sí –como farolas, papeleras, vehículos, pasos de peatones o baldosas inteligentes, facilita, a su vez, un conocimiento más preciso de los hábitos y necesidades de los turistas.

Gunnar Knechtel PhotographyTales herramientas no sólo apoyan el diseño de una oferta de servicios de ocio completa, interdependiente, complementaria, personalizada y orientada a una experiencia ininterrumpida. Permiten, además, una gestión más eficiente y coordinada de los recursos públicos y privados que apoyan la actividad turística. Entre ellos, por ejemplo, están los que intervienen en el control u organización del transporte urbano, del tráfico rodado, del ruido, de la contaminación, de los espacios verdes, de los espacios comerciales y de las instalaciones deportivas y culturales.

Una supervisión en tiempo real de todos los factores y variables que conforman una Smart City –o un potencial destino inteligente– puede ahorrar hasta un 15 % del consumo de agua de riego, un 7 % de agua potable, un 25 % en el transporte de basura, un 17 % en el uso de energía eléctrica e idéntico porcentaje en las emisiones de CO2

Todo ese ecosistema de información, combinado con los datos transaccionales, de aforos y tránsitos peatonales, de demanda de ocupación o de oferta de servicios y actividades públicas y privadas, es el que construye un destino turístico inteligente en el que la comunicación y la publicidad se reducen al máximo y se transforman en información útil, limitada a los momentos de la verdad del visitante o ciudadano y ajustada en su formato y contexto (alertas SMS personalizadas, notificaciones no intrusivas vía app, mensajes emergentes sobre elementos urbanos, etc.).

En ese sentido, los destinos inteligentes ofrecen soporte y conectan entre sí toda clase de soluciones digitales, desde mapas, audioguías y puntos de interés turístico basados en la geolocalización y la realidad aumentada, hasta aplicaciones móviles con horarios y opciones de transporte o webs que visualizan la información en tiempo real.