Smart Cities, turismo y Big Data

El Instituto Valenciano de Tecnologías Turísticas ha elaborado el estudio `Big Data: retos y oportunidades para el turismo´. Se trata de documento donde se aborda en profundidad cómo el escenario planteado por los grandes volúmenes de datos puede afectar al sector turístico. Aquí planteamos un síntesis de esa oportunidad
Turismo digital

El gran atractivo de los datos masivos es su potencial para predecir fenómenos, prever comportamientos, expectativas y necesidades futuras de un grupo de consumidores concreto, hacer más eficaces y menos costosos los procesos de análisis y tomar decisiones de negocio más inteligentes y seguras.

Una de las grandes oportunidades que el Big Data ofrece a la industria turística se encuentra en las Smart Cities y, más concretamente, en los llamados destinos inteligentes. Se trata de territorios dotados de una infraestructura tecnológica suficientemente avanzada e integrada para garantizar su desarrollo sostenible y, a la vez, facilitar la experiencia e interacción entre el territorio y el visitante.

Estos espacios, cuyos límites no necesariamente coinciden con los de la ciudad, estimulan la participación y la recogida de información de los usuarios desde antes incluso de su llegada, durante su estancia y tras su marcha. Su despliegue físico, a partir de una red completa de sensores y dispositivos conectados a Internet, propicia el desarrollo de una plataforma virtual de servicios que estimula la innovación, la cooperación y, por ende, la competitividad.

De esta forma, la captura, tratamiento, análisis y explotación de la información en un destino turístico permite a los agentes del sector una toma de decisiones más rápida y eficaz. La integración de los datos que nutren este sistema, procedentes de teléfonos móviles, de las redes sociales, de terminales de punto de venta (TPV) o de hitos urbanos conectados entre sí –como farolas, papeleras, vehículos, pasos de peatones o baldosas inteligentes, facilita, a su vez, un conocimiento más preciso de los hábitos y necesidades de los turistas.

Gunnar Knechtel PhotographyTales herramientas no sólo apoyan el diseño de una oferta de servicios de ocio completa, interdependiente, complementaria, personalizada y orientada a una experiencia ininterrumpida. Permiten, además, una gestión más eficiente y coordinada de los recursos públicos y privados que apoyan la actividad turística. Entre ellos, por ejemplo, están los que intervienen en el control u organización del transporte urbano, del tráfico rodado, del ruido, de la contaminación, de los espacios verdes, de los espacios comerciales y de las instalaciones deportivas y culturales.

Una supervisión en tiempo real de todos los factores y variables que conforman una Smart City –o un potencial destino inteligente– puede ahorrar hasta un 15 % del consumo de agua de riego, un 7 % de agua potable, un 25 % en el transporte de basura, un 17 % en el uso de energía eléctrica e idéntico porcentaje en las emisiones de CO2

Todo ese ecosistema de información, combinado con los datos transaccionales, de aforos y tránsitos peatonales, de demanda de ocupación o de oferta de servicios y actividades públicas y privadas, es el que construye un destino turístico inteligente en el que la comunicación y la publicidad se reducen al máximo y se transforman en información útil, limitada a los momentos de la verdad del visitante o ciudadano y ajustada en su formato y contexto (alertas SMS personalizadas, notificaciones no intrusivas vía app, mensajes emergentes sobre elementos urbanos, etc.).

En ese sentido, los destinos inteligentes ofrecen soporte y conectan entre sí toda clase de soluciones digitales, desde mapas, audioguías y puntos de interés turístico basados en la geolocalización y la realidad aumentada, hasta aplicaciones móviles con horarios y opciones de transporte o webs que visualizan la información en tiempo real.

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